La biopsia renal por laparoscopia permite obtener muestras del riñón bajo visión directa, eligiendo el punto de toma y controlando de inmediato cualquier sangrado, a través de pequeñas incisiones.
¿En qué consiste?
Es un procedimiento en el que, con ayuda de la cámara, se localiza el riñón y se obtiene una muestra de su zona externa, la corteza, con una aguja o pinza de biopsia. La muestra se envía a un laboratorio especializado, ya que algunas enfermedades renales requieren técnicas de análisis específicas.
La visión directa permite dirigir la muestra a la zona adecuada, evitando estructuras profundas, y aplicar presión o hemostasia sobre el punto de biopsia hasta comprobar que el sangrado está controlado.
¿Cuándo está indicada?
- Pérdida persistente de proteínas por la orina sin causa aclarada
- Sospecha de enfermedad glomerular que requiere confirmación para orientar el tratamiento
- Fallo renal de evolución inusual o sin explicación en las pruebas habituales
- Alteraciones renales en la ecografía que conviene caracterizar
- Casos en los que el resultado de la biopsia puede cambiar el pronóstico o el tratamiento
- Situaciones en las que una biopsia guiada por ecografía no es posible o no ha sido concluyente
¿En qué especies se realiza?
Se realiza principalmente en perros y gatos; en animales muy pequeños el tamaño del riñón y el espacio de trabajo condicionan la técnica, y se valora de forma individual qué método de biopsia es el más adecuado.
Cuándo puede no ser la mejor opción. La biopsia renal no está indicada en todas las enfermedades del riñón: en fases avanzadas o cuando el resultado no va a cambiar el tratamiento, puede no aportar beneficio. Tampoco suele recomendarse en pacientes con alteraciones de la coagulación no controladas, hipertensión no controlada o riñones muy pequeños o con quistes. Si durante el procedimiento aparece un sangrado difícil de controlar, puede ser necesario convertir a cirugía abierta. Siempre valoramos con detalle si la información que aporta compensa el procedimiento.